Club Deportivo Marathón: el monstruo de las mil cabezas, Capítulo VII
Hubo una época, no tan lejana, en la que el Monstruo Verde dormía.

Ambientazo en el Yankel Rosenthal, casa del CD Marathón que goleó al Platense FC. Foto HSI/Ermes Martínez
San Pedro Sula, Honduras. (HSI) - Durante 17 torneos enteros, el coloso de San Pedro Sula vagó por el desierto del fútbol, cargando el peso de su historia, esperando el momento exacto para despertar. Era un gigante antiguo, nacido en 1925, en el barrio Paz Barahona, el club más longevo del país, respetado, temido… pero también hambriento de gloria.
19 de mayo de 2018. Estadio Yankel Rosenthal
Por primera vez desde su fundación en 2010, el Yankel albergaba una gran final. El escenario estaba preparado. Las gradas vestidas de verde. Las gargantas afiladas. Las almas tensas. Frente al Monstruo, se alzaba un enemigo conocido: el Motagua, en un nuevo episodio del Clásico de las ‘Emes’.
La batalla fue dura, como las mejores de antaño. Amonestaciones. Patadas. Una expulsión por bando. El marcador, 0-0 durante los 90 minutos. Nada cambió en la prórroga. Solo sudor, nervios y corazones al borde del abismo. Y así, el destino, caprichoso como siempre, decidió que la gloria debía decidirse en penales.
Uno a uno, los guerreros verdes se acercaron al punto fatal. Uno a uno, con nervios de acero, vencieron al portero rival. Hasta que un cipote se acordó de una cosa… Denovan Torres se vistió de héroe; atajó el penal decisivo y todo un estadio, en un solo corazón gritó:

La afición verde. Foto HSI/Luis Geromini
¡Marathón campeón!
Las lágrimas no se hicieron esperar, no era solo un título, era una resurrección, era el rugido que despertó a todo un pueblo.
Era el Monstruo gritando al cielo: “¡Estoy de vuelta, y esta es mi casa!”
Héctor Vargas, el general argentino que había guiado con firmeza durante toda la temporada, fue levantado en hombros por sus jugadores, como los viejos emperadores tras la victoria.
El estadio, el Yankel Rosenthal, se consagró como templo sagrado. El pueblo verdolaga salió a las calles. Y los héroes del pasado —los Simovic, los Pandos, los Keosseián— sonrieron desde los recuerdos.
Y así, el Monstruo Verde, el más antiguo del fútbol hondureño, volvió a sentarse en su trono. Porque un gigante puede dormir... pero nunca muere.
"La Novena no fue solo un título… fue el desahogo de las burlas, los memes, las veces donde nos decían sufridos. Fue el grito de gol y felicidad de los que alientan desde el cielo, los que no vieron a su Verde ser campeón una vez más".
Club Deportivo Marathon: Un Legado Eterno.

