Club Deportivo Marathon: La Resurrección Verdolaga, Capítulo V

Club Deportivo Marathon: La Resurrección Verdolaga, Capítulo V

San Pedro Sula, Honduras. (HSI) - Después de años de sombra y sufrimiento, tras casi 17 años de sequía, el Monstruo Verde había abierto un ojo en el Apertura 2001, guiado por la sabiduría y valentía de Chelato Uclés. Aunque el título se escapó entre penales frente a Motagua, la semilla estaba sembrada. Pero nadie —absolutamente nadie— imaginaba lo que ocurriría solo unos meses después. El Clausura 2002 no sería una simple temporada: sería una epopeya.


El torneo regular fue una prueba de carácter. Marathón no brillaba con lujos ni goleadas estruendosas, pero caminaba con paso firme y sin miedo. Terminó tercero con 29 puntos, suficiente para colarse entre los mejores y mantener viva la llama de la esperanza. El destino quiso que en las semifinales se enfrentara a un viejo conocido del norte: Platense.


En el partido de ida, jugado en el corazón verde de San Pedro Sula, el estadio tembló cuando Enrique Reneau, el guerrero del gol, firmó un doblete inolvidable. Platense logró descontar con un tanto de Clifford Laing, pero el 2-1 dejó claro que el Monstruo ya no era el mismo que dormía en la nostalgia. En el partido de vuelta, jugado en las tierras saladas de Puerto Cortés, Marathón resistió como una muralla. Empate 0-0, y clasificación a la gran final. La historia quería escribirse con tinta verde.

"Chelato" Uclés dirigió en 2001-2002 al Marathon.


Del otro lado del tablero esperaba un titán: el Club Olimpia Deportivo, el rey histórico del fútbol hondureño. Venían de eliminar al Victoria con un 3-2 global y buscaban una corona más para su colección. Pero esta vez, no se enfrentarían a cualquier equipo. Esta vez, chocaban con un Marathón que ya no temía a nadie.


La final de ida se jugó en el Estadio Olímpico Metropolitano, y fue allí donde el Monstruo dejó salir toda su furia contenida. En una noche mágica, con el alma de miles de verdolagas rugiendo desde las gradas, Marathón arrolló a Olimpia 4-1. Nigel Zúniga abrió la cuenta desde el punto penal con la precisión de un alquimista. Luego, otra vez el implacable Enrique Reneau dijo presente, y Óscar Vargas selló la obra maestra. Olimpia descontó, pero esa noche ya estaba marcada por el destino.


La vuelta se jugó en el siempre intimidante Estadio Tiburcio Carías Andino. Olimpia luchó con su historia, su gente y su orgullo. Ganaron 1-0, sí. Pero fue insuficiente. El marcador global decía 4-2, y con eso, Marathón levantó su tercer título de Liga Nacional. El rugido fue ensordecedor. El Monstruo había vuelto, y esta vez, era real.

La afición verde de lo mejor del clun sampedrano.

El Clausura 2002 no fue solo una conquista más. Fue la coronación de un proceso valiente, de una idea forjada en la fe y el trabajo duro. Chelato Uclés no solo construyó un equipo: resucitó una identidad. Y los nombres de Reneau, Zúniga, Vargas y todos los guerreros de aquel torneo quedaron grabados en la eternidad verdolaga.


Desde entonces, Marathón dejó de ser “el equipo sufrido” y se convirtió en leyenda. Porque hay títulos que pesan más que copas, y este fue uno de ellos: el título del alma recuperada.

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