Michael Jordan, una estrella que nunca se apaga. Recuerdos de MJ
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Michael Jordan, una estrella que nunca se apaga. Recuerdos de su Majestad

Michael Jordan, una estrella que nunca se apaga. Recuerdos de su Majestad

Washington, Estados Unidos. (AGE) – Michael Jordan es, sin dudas, uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Cada vez que agarraba el balón provocaba temor en los contrarios e hipnotizaba a los fanáticos, quienes esperaban expectantes ver alguna de sus inolvidables maniobras.

Michael Jordan fue el mejor jugador de básquetbol de todos los tiempos, aunque es algo que en algún rincón se discute con el argumento Magic Johnson. Sin embargo, nadie puede refutar la idea de que Michael Jordan es la NBA.

Sobre mediados de la década del ochenta, aquellas inolvidables “batallas” entre los Boston Celtics de Larry Bird y los Lakers de Magic fueron las primeras imágenes que se exportaron hacia Sudamérica, que comenzaba a saborear el talento inigualable de la mejor liga del mundo. Pero la explosión definitiva llegó en los noventa de la mano de “MJ”.

Su Majestad es integrante del Salón de la Fama y durante su brillante carrera -que sufrió un breve impasse para probar suerte con el béisbol, el deporte favorito de su padre- logró seis anillos de la NBA (1991, 1992, 1993, 1996, 1997, 1998), fue 14 veces All-Star, 5 veces MVP (1988, 1991, 1992, 1996, 1998) y consiguió 2 medallas de oro en los Juegos Olímpicos (Los Ángeles 1984 y Barcelona 1992), donde nació el apodo de Dream Team para el equipo estadounidense.

La lista de palmares de MJ es mucho más extensa, pero ese no es el foco de esta historia. Simplemente sirve para graficar que hasta el número uno del mundo se aferró a una cábala durante toda su carrera deportiva. Y justamente ese ritual fue el motivo que contribuyó para que el mundo de la moda diera un giro radical.

Sus Bulls marcaron a fuego la época y le abrió las puertas del mundo a la NBA. La imagen de la liga era él, su lengua, sus vuelos eternos. De pronto, Michael Jordan, “Su Majestad” o simplemente “Air”, se convirtió en una marca, en un logo imposible de soslayar que llegó con el patrocinio de una de las principales marcas deportivas. Desde la dirigencia, David Stern explotó ese producto hasta límites impensados, que hicieron que hoy la NBA sea – quizás – el espectáculo deportivo de mayor atractivo alrededor del planeta.

Jordan fue amo y señor mientras estuvo en zapatillas dentro (y fuera) del rectángulo de juego. Desde sus primeros años, y con su juventud a cuestas, fue guía de unos Bulls que quedaron tres veces consecutivas eliminados de los playoff en primera ronda. En su tercera temporada, la 86/87, el chico de North Carolina rompió los promedios con 37.1 puntos por noche. Ya era una realidad, aunque necesitaba llevar a su equipo a otro nivel.

Continuó brillando en el plano individual con aquellos recordadísimos torneos de volcadas que se adjudicó en 1987 y 1988, sobre todo en el segundo tras batirse a duelo ante Dominique Wilkins y plasmar, para toda la eternidad, aquella tremenda volcada saltando desde la línea de tiros libres. El mundo se rindió a sus pies, pero todavía faltaba algo.

Años más tarde, en 1991, llegó su primer anillo del primer “threepeat”, y comenzó a forjarse la leyenda. Luego, el retiro y su paso al baseball, para después regresar y continuar con la historia que había dejado inconclusa. Segundo tricampeonato (‘96, ‘97 y ‘98). Su majestad quedó en la inmortalidad.

Pasarán las décadas y los campeonatos. Aparecen nuevos jugadores que elevan el nivel y nunca faltó el que intentó comparar a la estrella de turno con Jordan. A pesar de todo eso, incluso si hubiese una figura superadora como basquetbolista, nadie ocupará su trono. “MJ” fue, es y será único.

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