Su majestad, Roger Federer, rey de Wimbledon por octava vez
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Su majestad, Roger Federer, rey de Wimbledon por octava vez

Londres, Inglaterra. (AGE) –  La leyenda de Roger Federer es infinita en Wimbledon. El tenista suizo liquidó por la vía rápida a un superado Cilic en tres sets (6-3, 6-1 y 6-4).

Con esta victoria, Federer se alza hasta el número 3 del ranking ATP y redondea una temporada que, de momento, está siendo más que satisfactoria: al de Wimbledon se suman los triunfos en el Open de Australia, Indian Wells, Miami y Halle.

Roger Federer logra su octavo Wimbledon y ya supera a William Renshaw y Pete Sampras como el tenista que más veces se ha hecho con el torneo londinense.

Fue una final emotiva, pero no de alta calidad tenística. Federer hizo lo justo para llevarse el triunfo, sin emplearse a fondo, con piedad ante un contrincante que no podía hacerle frente en igualdad de condiciones y al que solo concedió una bola de break. En el primer set le rompió dos veces el servicio, en el segundo, otras dos, y en el tercero le bastó con una para levantar los brazos y celebrar su nueva proeza. Cilic se quedó en tres saques directos y 16 golpes ganadores, muy por debajo de los números que había acreditado durante su brillante actuación en el torneo. Un signo claro de que no estaba para reverdecer proezas del pasado, como aquella victoria, la única que ha arañado ante el Genio de Basilea, en el US Open de 2014, el que acabó ganando, o ese match ball que tuvo el año pasado ante él en los cuartos de Wimbledon. Esta vez no pudo acercarse tanto a la gloria.

Algún día se hará viejo, quizás súbitamente, sin que apenas hayamos podido darnos cuenta. Lo cierto es que ahora mismo su tenis tiene poco que envidiar al que le permitió conquistar precisamente en Londres el primero de sus ‘majors’, allá por 2003. Con todo, dejó pelotas de ensueño, como un dejada de revés en el sexto parcial y un ‘passing shot’ cruzado de revés para encaramarse al primero de sus dos puntos de set.


Cilic, que había perdido los dos primeros sets en poco más de una hora, lloraba en la silla mientras intentaba seguir en pie, en un encuentro que se le había puesto casi imposible. Salvó dos bolas de ruptura en el tercer juego del tercer parcial, dos balas que le apuntaban con el filo de un ‘match point’. Objetivamente, aun con la impronta con que aparecía Federer en la final, pese a su ventaja de 6-1 en el cara a cara, el encuentro concedía ciertos márgenes de incertidumbre.

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